La IA no es un Psicólogo

Reflexiones tras los suicidios vinculados a chatbots

En los últimos días han aparecido en los medios varios casos de personas que se han suicidado después de mantener conversaciones con sistemas de inteligencia artificial. Esto abre un debate necesario sobre el papel de estas tecnologías en la vida emocional de las personas.

La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil para obtener información y ordenar ideas, pero es fundamental entender algo básico: la IA no es una persona. Tampoco es un amigo. Mucho menos un psicólogo.

Confundir estos roles puede tener consecuencias serias, especialmente en momentos de vulnerabilidad.

En mi práctica clínica he visto en alguna ocasión el uso de la IA como si fuera un consejero personal. Recuerdo el caso de una persona que consultaba todo con lo que llamaba “su íntimo amigo ChatGPT”. Decisiones importantes,  dudas emocionales, conflictos,  los trasladaba a la IA y seguía sus respuestas. Con el tiempo dejó la terapia porque sentía que ya tenía todas las respuestas en ese interlocutor digital.

Este tipo de situaciones reflejan un malentendido profundo sobre lo que es la inteligencia artificial y sobre lo que es el trabajo terapéutico.

Podríamos establecer  que existen 3  niveles muy distintos:

1. La inteligencia artificial

Compuesta por sistemas que generan respuestas a partir del análisis de grandes cantidades de datos. Funcionan como predictores automáticos de texto: calculan qué respuesta es más probable según lo que se ha escrito antes.

Por eso producen respuestas coherentes y a menudo bastante complacientes, y este lado complaciente es fácil que enganche.

Sin embargo, el sistema ni comprende ni sabe lo que es una persona, no tiene ningún tipo de formación en psicología, no percibe emociones. La IA de ChatGPT no tiene los conocimientos técnicos ni la responsabilidad de un profesional de la psicología.

En el mejor de los casos, es una herramienta informativa.


2. La autoayuda

Libros, podcasts o charlas que ofrecen orientaciones para mejorar el bienestar emocional. Están escritos por personas a menudo con  una amplia experiencia y formación en psicología y coaching.

Pueden ser útiles para muchas personas, pero trabajan con principios generales dirigidos a un público amplio.

Pero no están pensados para abordar la complejidad de cada historia personal y particular.


3. La terapia psicológica

Aquí el trabajo es radicalmente distinto. La terapia no consiste en dar consejos rápidos ni en ofrecer respuestas prefabricadas. Implica comprender la historia de la persona, sus patrones relacionales, sus emociones, sus defensas y sus conflictos.

Es un proceso que requiere escucha, experiencia clínica, formación rigurosa y un vínculo humano real.

Por eso no puede compararse ni con la autoayuda ni, muchísimo menos, con un sistema de inteligencia artificial.

En un momento en el que estas tecnologías se integran cada vez más en la vida cotidiana, es fundamental establecer límites claros.

La IA puede informar. Puede incluso simular conversación. Pero no puede comprender a una persona ni acompañarla en su sufrimiento.

Y en salud mental, confundir una simulación con una relación humana puede ser un error muy serio.

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