El miedo a la soledad es uno de los síntomas que más a menudo encuentro en mi consulta de psicología, en personas de todo tipo: jóvenes y mayores, hombres, mujeres…
Aceptar la soledad como algo natural, que ocurre de vez en cuando, resulta necesario. Tenerle miedo tiene consecuencias complicadas, como la de establecer relaciones de dependencia que nos impiden realmente poder elegir a las personas que queremos tener a nuestro lado.
Es como ir al supermercado con mucha hambre: lo más probable es que no compremos lo que realmente necesitamos.
A menudo estamos en busca de la media naranja, el príncipe azul, el alma gemela, el amigo perfecto, el grupo de amigos divertido… ¡Y qué gran decepción! Es imposible encontrarlos: por suerte, nada ni nadie es perfecto.
Para poder elegir bien, hay que estar bien con uno mismo, ser capaz de estar solo y de disfrutarlo. No siempre es fácil, porque a veces estar solo implica reencontrarse con sus propios fantasmas, pero es importante conocerlos y aprender a gestionarlos. El aprender esto nos servirá toda la vida y nos hará mucho más fuertes.
Podré estar solo cuando sea capaz de amarme; de lo contrario, el valor que me otorgue a mí mismo dependerá del exterior, de lo que digan los demás, y volveré a ser dependiente del entorno para sentirme bien.
¿Por qué en el avión debo ponerme primero la mascarilla de oxígeno antes de ponérsela a mi bebé?
Tengo que estar bien para poder ocuparme y ayudar a los demás. Si no soy feliz, difícilmente podré hacer felices a las personas que quiero. A eso se le llama egoísmo positivo

Ese “egoísmo” consiste en respetar mis propias necesidades y sentimientos, y procurar que los demás hagan lo mismo, incluso si no lo hacen —sobre todo si no lo hacen—.
Si damos prioridad a las opiniones de los demás, dejaremos de ser nosotros mismos, y el estrés se convertirá en nuestro compañero, porque es imposible satisfacer a todos.
Es importante y saludable cuidarse, respetarse y no vivir gobernados por las opiniones y exigencias de los demás.
La coherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos nos hará más felices.
No digamos “sí” cuando queremos decir “no”. Seamos fieles y honestos con nosotros mismos. Seamos positivamente egoístas.
Revue Trait-d’Union. UFE. Abril 2014.
